Raziel Tovar

Diarios de un Meditador

Atado a una abstracción

Pobre John, de tanto reflexionar sobre la libertad terminó atado a una mera abstracción. Atrapado en esta ilusión se quitó la vida. Soy condescendiente al decir que se la quitó pues en realidad nunca poseyó una vida. La vida lo poseyó a él. Toda su vida creyó perseguir la libertad sin darse cuenta que en realidad perseguía un mero nombre, una idea, una apariencia. Pero todas las apariencias son inaprensibles porque carecen de existencia inherente. Como ironía de la vida, en el momento en que creyó haber alcanzado la libertad, en su intento de llevarla al acto, bajarla al mundo material, representó la antítesis perfecta y se despojó de toda libertad. En su ingenuidad trató de demostrar con seducción mórbida haber encontrado la definición de libertad. John nunca imaginó que la noticia de su deceso sería tan breve como su efímera realización.

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